La refaccionaria

La refaccionaria

Mi papá llevaba tiempo buscando un local grande en donde poder instalar su nueva refaccionaria. El negocio donde estaba ya no era suficiente para atender a la inmensa cantidad de clientes que tenía. No obstante, le interesaba que dicho inmueble estuviera ubicado en una zona transitada y sobretodo que el precio del alquiler fuera razonable.

Uno a uno revisaba los anuncios clasificados, hasta que encontró uno que supuestamente cumplía con sus expectativas:

– Mira este anuncio hijo. ¿Qué te parece?

– Wow el local es muy grande y aunque la zona no es muy buena, está bien comunicado. ¿Cuánto piden?

– Eso es lo mejor. La señora que lo está rentando únicamente quiere $6000 mensuales. Voy a llamarla por teléfono para ver si hacemos un contrato de varios años.

Dicho y hecho, para la semana siguiente mi padre ya contaba con las llaves del local. Me acuerdo perfectamente que fuimos a verlo y yo me quedé sorprendido al percatarme de las condiciones tan deplorables en las que se hallaba.

– Papá, está horrible. Hay manchas raras por todas las paredes. Con el trabajo y el dinero que le vamos a invertir a esto fácilmente podríamos elegir otra opción.

– No seas negativo hijo. Con un poco de pintura y unos resanes aquí y allá quedará como recién edificado.

Regresamos a casa y aproveché un pequeño descanso para compartir una foto de local que había tomado con mi celular. A los pocos minutos de que la fotografía apareció en mi muro, recibí decenas de comentarios que contenían referencias a leyendas breves. Para que se den una idea, era algo como esto:

“No puede ser, ese es el local donde asesinaron a la familia Manjarrez”.

Indagué un poco en la red y vi que efectivamente en ese local habían matado a una familia. La víctima más masacrada fue una mujer. Mi cuerpo temblaba y de mi boca salió un grito de miedo:

– Papá, ¿es esta la mujer con las firmas el contrato?

– Sí, es ella ¿por qué?

– Lee por favor el pie de foto.

“Georgina Melquiades 1964-2012”.

Mi papá salió del cuarto y fue a buscar las llaves para devolverlas, pero éstas se habían esfumado.

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