El maizal

El maizal

La mayor parte de mis conocidos, por lo menos han escuchado dos relatos cortos de terror que abordan el tema de los códigos que aparecen en los campos de trigo. Estoy seguro que tú también has oído algo sobre eso.

No obstante, el día de hoy no voy a referirme a estos fenómenos ligados con los extraterrestres, sino lo que le ocurrió a una chica, mientras caminaba por una vereda que estaba junto a un maizal.

Tania era una chica de campo a quien cuestiones como la oscuridad o estar a solas en un sitio despoblado, no le producían el menor temor. Al contrario, se divertía imaginando que era perseguida por criaturas monstruosas.

Sin embargo, una noche en la que la luna llena se ocultó de repente, sintió miedo al ver que ni siquiera podía ver sus pies de lo obscuro que estaba todo.

Inconscientemente apresuró el paso, con el fin de llegar a una zona más iluminada. A pesar de eso, la vereda parecía interminable y el recelo ya para estas alturas se había convertido en pavor.

Para empeorar las cosas en el aire se oían lamentos muy similares a los que emiten los coyotes a la hora de comer. De pronto, algo tocó su hombro y una voz tenebrosa le dijo:

– ¿Crees en los hombres lobo?

– Por supuesto que sí, también creo en vampiros y momias. Dijo la chica con una voz que apenas se podía entender.

– ¡Qué bueno que me lo dices! Un alto porcentaje de mis víctimas piensan que sólo somos una leyenda. Es magnífico ver que al menos alguien conocerá la identidad de su asesino antes de morir.

Tania giró la cabeza y detrás suyo se hallaba un hombre lobo con el hocico abierto, dispuesto a hundir sus dientes en la cabeza de la joven.

El grito que ella lanzó, hizo que los pobladores cercanos acudieran al lugar acompañados de armas de fuego y antorchas encendidas. Mas cuando lo hicieron, ya era tarde, únicamente encontraron los restos de Tania junto al maizal.

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