El archivo maldito

El archivo malditoSe lo dijeron sus amigos, pero Fred no hizo caso: Qué por favor no descargara el archivo que estaba en el código de barras, y que alguien había dejado pegado en el portón de la entrada de la universidad, ya que podría ser un virus. De hecho en la hoja en que estaba grabado el código de barras, bien decía: “Archivo maldito, bajo ninguna circunstancia usted descargue esto”.

Fred sabía bien, que ese mensaje en la hoja donde se encontraba el código de barras, usaba la psicología inversa para incitar a la gente a descargar dicho archivo. También sabía que podría ser algún potencial virus, pero esto no le preocupaba, ya que él estudiaba para informático y ya le había hecho frente a muchos tipos de malware, en innumerables ocasiones. Así que desoyendo las advertencias de sus amigos, escaneó el código de barras con su Smartphone, descargó el archivo y procedió a instalarlo.

Apenas hubo instalado dicho archivo, apareció en el fondo de pantalla de su móvil una foto en blanco y negro de una niña y un globo, junto un temporizador que empezó descontar el tiempo desde los 5 días, y un mensaje que decía: “Ahora distribuya el código de barras en 10 lugares distintos, antes de que el temporizador llegue a cero, o usted morirá”. Cuando Fred trató de cerrar el archivo, no pudo hacerlo. De hecho intentó apagando su móvil, sacándole la batería y encendiéndolo de nuevo, pero la imagen en blanco y negro de la niña y su globo siguieron fijos en la pantalla. Fue ahí donde se dio cuenta que en efecto se trataba de un virus.

Los siguientes tres días trató de desinfectar su móvil, haciendo uso de la colección de antivirus que tenía en su computador, después trató de hacer un borrado completo. Pero todo fue en vano, nada funcionó. En la pantalla de su Smartphone seguía la niña y el globo, a un lado el temporizador mostrando que faltaban 47 horas para su muerte y el mensaje que le pedía distribuir el código de barras por 10 lugares distintos antes de que el temporizador llegase a cero, para salvar su vida de una inevitable muerte. «Las estupideces que inventa la gente -pensó Fred- Y lo peor es que muchos idiotas se lo creen».

Al día siguiente, después de rebuscar por un enorme laberinto de carpetas que poseía dicho virus, encontró un archivo bloqueado, el cual era responsable de que se bloquearan las demás funciones del teléfono y por ende solo apareciera el fondo de pantalla. Así que procedió a eliminarlo. Pero al encender su móvil lo único que volvió a aparecer fue la foto de la niña con el globo, aunque esta vez en la cara de la niña había una sonrisa, y el temporizador diciendo que le quedaban 23 horas de vida.

Anocheció y amaneció nuevamente, y Fred hizo lo que su orgullo no quería que hiciera: Ir a buscar ayuda a un técnico especializado. Por eso ese día deambuló por toda la ciudad y visitó los mejores técnicos de computadoras y celulares que conocía, hasta un primo suyo el cual era ingeniero en sistemas, pero ninguno pudo eliminar el virus.

Esa noche, el temporizador le estaba señalando que le quedaban dos horas de vida. Fred estaba furioso, se imaginaba que tal vez esas horas de vida eran las que le quedaban a su teléfono y que tal vez cuando el temporizador llegara a cero, el archivo se bloquearía para siempre. Por eso el mismo puso manos a la obra, y compró un antivirus en la red, el cual le costó más de 150 dólares. Escaneó su teléfono con dicho antivirus y a diferencia de los demás, éste si detectó todos los archivos del malware.

Lo que vio Fred en la pantalla de su computador, lo dejó boquiabierto: El malware había hecho dentro de su teléfono miles y miles de carpetas con miles y miles de copias de sus archivos malignos, los cuales fueron indetectables a los demás antivirus. Se dio cuenta, que la tarea era larga y que al antivirus le tomaría por lo menos una hora en eliminar todo aquello.

«La hora que me queda de vida». Pensó, mirando la pantalla de su teléfono dónde el temporizador señalaba que solo le quedaban 57 minutos. Luego salió de su cuarto y se puso a esperar a que el antivirus hiciera su trabajo.

Habrían pasado poco más de 50 minutos, cuando Fred regresó a su habitación, pero no porque calculó que el antivirus ya hubiera terminado su trabajo. Sino porque un olor a quemado llego hasta la sala donde él estaba viendo televisión. Cuando llegó vio algo que lo hizo sorprender y enojar a la vez: El antivirus ahora le decía que tenía más de 10 millones de archivos malignos en su Smartphone. Así que lleno de rabia, intentó parar todo, pero el antivirus no se detenía. Con ira tomó su teléfono y desconectándolo bruscamente, lo estrelló contra el piso.

Su computadora estaba increíblemente sobrecalentada, de allí el olor a quemado, e iba a desconectarla cuando escuchó una voz infantil detrás de él: «El temporizador está a punto de llegar a cero».

Al voltear quedó aterrorizado con lo que vio: La niña del globo, que estaba en el fondo de la pantalla de su teléfono estaba detrás, en la entrada de su cuarto y se dirigía hacia donde él estaba.

Apenas la vio, pudo enterarse que no se trataba de una foto en blanco y negro, la piel de la niña era realmente de ese color. «Ven conmigo» Le dijo ella, y lo tomó de la mano.

Cuando Fred sintió el contacto con aquella mano helada, dio un grito de auxilio. Pero nadie podía auxiliarlo, ya era muy tarde: La computadora sobrecalentada misteriosamente hizo explosión y mató a Fred instantáneamente.

En ese entonces el temporizador había llegado a cero.

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