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La refaccionaria

La refaccionaria

Mi papá llevaba tiempo buscando un local grande en donde poder instalar su nueva refaccionaria. El negocio donde estaba ya no era suficiente para atender a la inmensa cantidad de clientes que tenía. No obstante, le interesaba que dicho inmueble estuviera ubicado en una zona transitada y sobretodo que el precio del alquiler fuera razonable.

Uno a uno revisaba los anuncios clasificados, hasta que encontró uno que supuestamente cumplía con sus expectativas:

– Mira este anuncio hijo. ¿Qué te parece?

– Wow el local es muy grande y aunque la zona no es muy buena, está bien comunicado. ¿Cuánto piden?

– Eso es lo mejor. La señora que lo está rentando únicamente quiere $6000 mensuales. Voy a llamarla por teléfono para ver si hacemos un contrato de varios años.

Dicho y hecho, para la semana siguiente mi padre ya contaba con las llaves del local. Me acuerdo perfectamente que fuimos a verlo y yo me quedé sorprendido al percatarme de las condiciones tan deplorables en las que se hallaba.

– Papá, está horrible. Hay manchas raras por todas las paredes. Con el trabajo y el dinero que le vamos a invertir a esto fácilmente podríamos elegir otra opción.

– No seas negativo hijo. Con un poco de pintura y unos resanes aquí y allá quedará como recién edificado.

Regresamos a casa y aproveché un pequeño descanso para compartir una foto de local que había tomado con mi celular. A los pocos minutos de que la fotografía apareció en mi muro, recibí decenas de comentarios que contenían referencias a leyendas breves. Para que se den una idea, era algo como esto:

“No puede ser, ese es el local donde asesinaron a la familia Manjarrez”.

Indagué un poco en la red y vi que efectivamente en ese local habían matado a una familia. La víctima más masacrada fue una mujer. Mi cuerpo temblaba y de mi boca salió un grito de miedo:

– Papá, ¿es esta la mujer con las firmas el contrato?

– Sí, es ella ¿por qué?

– Lee por favor el pie de foto.

“Georgina Melquiades 1964-2012”.

Mi papá salió del cuarto y fue a buscar las llaves para devolverlas, pero éstas se habían esfumado.

¿Un policía de caminos o su majestad?

¿Un policía de caminos o su majestad?

Si eres mexicano y naciste en el siglo pasado, este seguro que te encuentras familiarizado con la figura de Pedro Infante, uno de los artistas rancheros más recordados de los últimos 60 años. La versión oficial dice que murió en un accidente aéreo a mediados de los años 50.Pese a eso, la gente siguió diciendo por décadas que sólo había sido un rumor y que “Pedrito” se había retirado de la farándula debido al cansancio y agotamiento que le causaban las jornadas en el set de grabación.

A donde quiero llegar es que del mismo modo en el que los mexicanos fincan sus mitos con elementos de ficción y realidad, también lo hacen los españoles a través de sus ya conocidísimas leyendas urbanas españolas.

Por ejemplo, existe gente en la península ibérica que asegura que fueron rescatados en la carretera por el mismísimo Rey de España. Así es, un suceso común es el que estoy a punto de contarte:

Imagina que vas transitando por la carretera y de repente escuchas un ruido proveniente de la parte inferior de tu vehículo. El volante se mueve un poco pero tú sigues, pues piensas que golpeaste algún desperfecto del asfalto.

Luego comienzas a sentir que la tracción no es la misma y decides detenerte para echar un vistazo. Bajas del carro y observas como el neumático trasero derecho se ha reventado.

Te agarras la cabeza con ambas manos, pues recuerdas que desde hace más de un semestre no llevas llanta de refacción en el maletero.

– ¿Y ahora qué voy hacer? Para colmo de males, mi móvil se ha quedado sin cobertura.

Cuando piensas que está todo perdido, un motociclista con uniforme de policía se acerca a ti a toda velocidad. El oficial desmonta rápidamente y te tranquiliza diciéndote que él puede arreglar el desperfecto con uno de los parches que trae en su chaqueta.

En cuestión de minutos, la rueda queda totalmente reparada e incluso da la impresión de que ha sido inflada nuevamente.

Le das las gracias al policía y este se quita el casco para verte a los ojos. En ese instante te percatas de que es su majestad quien fue en tu auxilio.

Veremos si ahora con la coronación de Felipe VI, estas historias siguen ocurriendo o tienen alguna variación.