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El maizal

El maizal

La mayor parte de mis conocidos, por lo menos han escuchado dos relatos cortos de terror que abordan el tema de los códigos que aparecen en los campos de trigo. Estoy seguro que tú también has oído algo sobre eso.

No obstante, el día de hoy no voy a referirme a estos fenómenos ligados con los extraterrestres, sino lo que le ocurrió a una chica, mientras caminaba por una vereda que estaba junto a un maizal.

Tania era una chica de campo a quien cuestiones como la oscuridad o estar a solas en un sitio despoblado, no le producían el menor temor. Al contrario, se divertía imaginando que era perseguida por criaturas monstruosas.

Sin embargo, una noche en la que la luna llena se ocultó de repente, sintió miedo al ver que ni siquiera podía ver sus pies de lo obscuro que estaba todo.

Inconscientemente apresuró el paso, con el fin de llegar a una zona más iluminada. A pesar de eso, la vereda parecía interminable y el recelo ya para estas alturas se había convertido en pavor.

Para empeorar las cosas en el aire se oían lamentos muy similares a los que emiten los coyotes a la hora de comer. De pronto, algo tocó su hombro y una voz tenebrosa le dijo:

– ¿Crees en los hombres lobo?

– Por supuesto que sí, también creo en vampiros y momias. Dijo la chica con una voz que apenas se podía entender.

– ¡Qué bueno que me lo dices! Un alto porcentaje de mis víctimas piensan que sólo somos una leyenda. Es magnífico ver que al menos alguien conocerá la identidad de su asesino antes de morir.

Tania giró la cabeza y detrás suyo se hallaba un hombre lobo con el hocico abierto, dispuesto a hundir sus dientes en la cabeza de la joven.

El grito que ella lanzó, hizo que los pobladores cercanos acudieran al lugar acompañados de armas de fuego y antorchas encendidas. Mas cuando lo hicieron, ya era tarde, únicamente encontraron los restos de Tania junto al maizal.

Un cuento

Un cuento

Cuando era niño, mi padre acostumbraba leerme por lo menos dos cuentos. Los libros eran de todos tamaños, había unos que apenas cabían en el estante, en tanto que otros cabían en cualquier recoveco. Las temáticas eran de lo más variadas, pasando por los típicos cuentos de hadas o de princesas, hasta aquellos que poseían un trasfondo o moraleja que debías descubrir.

Al llegar a la secundaria, quise saber si sería capaz de escribir un cuento por mí mismo. El primer obstáculo que tuve que sortear fue que no se me ocurría nada “nuevo” para escribir.

Cuestión aparte era el total de palabras que compondrían mi historia, pues había leído en varios textos que un cuento corto puede tener menos de 50 palabras. Sin embargo, la verdadera dificultad reside en saber cómo acomodar los hechos para que tengan coherencia y sean sencillos de entender.

El primer paso consiste en elegir cuál será el motivo principal del relato. Por ejemplo, una guitarra encantada. Si estamos complacidos con esa temática, no debemos perder el tiempo en desarrollar otras cuestiones, para eso existen otros géneros literarios como es el caso de la novela.

Hablando justamente de esto, no es aconsejable incluir en el cuento un número que sobrepase los cuatro personajes principales, ya que no nos dará tiempo de contar todas sus peculiaridades y por consiguiente, el lector tendrá algunas dudas sobre su desenvolvimiento en la trama.

Un cuento infantil

Ya en el segundo paso, estamos a punto de comenzar a estructurar las partes esenciales que enlazarán las distintas ideas en un solo conjunto. Puedes utilizar el recurso de la destrucción, únicamente cuando sea necesario para sentar un precedente.

Por ejemplo, retomando el caso de la “Guitarra encantada”, podríamos hacer lo siguiente:

“En el callejón de San Andrés cada 26 de marzo ocurre algo sorprendente, cuando el reloj de la plaza central marca las 11 de la noche, aparece al fondo de aquella callejuela una pequeña guitarra.

Nadie sabe cuándo apareció por primera vez, ni quien es su dueño. Hombres y niños han intentado cogerla pero al acercarse a ella, aparece en el cielo una luz fulgurante y el instrumento se esfuma de inmediato”.

Estos dos párrafos implantan la idea principal en la mente de quien está leyendo la historia. ¿Por qué en esa fecha en particular?, ¿Qué otros poderes tendrá? Etcétera.

A veces es difícil escribir con el mandato de crear bosquejos simbólicos, no obstante, si esto llega a conseguirse, el cuento seguramente se convertirá en un éxito de ventas.

Cuento infantil

Dentro del tercer punto, nos adentraremos a entender los significados tácitos de las palabras. Dicho de otra manera, los cuentistas deben hacer todo lo que esté a su alcance para que el leyente saque sus propias conclusiones de varias efemérides que ocurren en un cuento. Los finales abiertos son una de herramientas más usadas en esos casos, pues de ese modo cada quien le otorga un significado distinto al desenlace.

Otro elemento que también puede funcionar a la perfección es utilizar un giro argumental. Esto es, cambiar el desarrollo lógico de una situación.

Finalmente, trata de usar sinónimos, sobre todo en los casos en los que te refieras al mismo elemento en un párrafo.

Por ejemplo, “El cuerpo de la guitarra estaba adornado con motivos multicolores, el diapasón era de color café oscuro y su clavijero tenía un tono rojizo. Esas características hacían de aquel instrumento de cuerdas algo exquisito”.